domingo, 25 de noviembre de 2007

“SUEÑO DE UNA NOCHE DE FIN DE CUMBRE”



Parece un cuento de hadas. De esos que pasaron en un lugar muy, muy lejano. Casi nos podemos imaginar que en su castillo, un viejo Rey está con su cetro de oro conversando con su Consejero personal. El rey escucha atentamente cada una de sus palabras, expuestas con maestría frente a su corte.

De repente, da la impresión que el Rey ve entrar en su salón al Juglar, el hombre que en otras ocasiones le ha hecho reír y pasar buenos momentos, escuchando cada una de las cosas que dice, aunque no las de por verdaderas ni ciertas, más ahora está interrumpiendo a su mano derecha.

El Rey comienza a incomodarse. Se mueve en su trono. Acomoda su copa. Se asegura que su ropa esté en orden, pero mira de reojo al juglar, como dándole la posibilidad de que se calle y deje de interrumpir, pero en vez de cerrar su boca, comienza a hablar más y más fuerte, esta vez no dice cosas chistosas, ninguna hace reír al Rey.

El Monarca se enojó.

Sin duda la reacción del soberano español, Juan Carlos I, en medio de la ceremonia de cierre de la cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, ha sido una de las más connotadas y llamativas salidas de protocolo en los últimos tiempos y ojo, que hacer callar a Hugo Chávez no es fácil, y de hecho, en el momento no lo hizo.

El gobernante Venezolano comenzó a interrumpir la presentación de la cabeza del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aludiendo a José María Aznar como un facista.

Y es que Chávez no es de los que deja pasar estas oportunidades tan fácilmente. Ahora, el refrán dice “con la vara que mides, serás medido” y la relación del mandatario Venezolano para “ridiculizar” a sus enemigos es indudable, por lo que el no respetar los tiempos ni el protocolo no era nada nuevo ni menos inesperado.

Hasta que el Rey habló, y esto, visto desde lo mediática que fue la llamada de atención que recibió Chávez, da para decir que ha sido el ridículo más grande que ha hecho.

Claro, los dimes y diretes que van y vienen por los medios no es nada nuevo. Recados vía radio, prensa o televisión, son cosa de cada día pero ¿que se lo digan en la cara? ¿Que lo haga un Rey? ¿Que lo hagan en frente de todos los medios de habla hispana? Y que, más encima, ¡lo deje casi callado! Nunca había pasado. Y es que hasta el tono de voz le cambió a Chávez.

Puede decir que no le afectó, pero da la impresión de lo contrario. Esto porque, a diferencia de lo que es su constante y directamente proporcional - en frases y reacciones – rivalidad con Bush Hijo, el gobernante hizo algunas declaraciones suaves, quizás un tanto temerosas, diciendo que la capacidad moral del rey no alcanzaba a ser suficiente para hablar de democracia y que quizás el Rey hubiese estado de acuerdo y hasta pudiese haber alentado algunos hechos anti democráticos en la península, declaraciones sin pruebas, pero que esta vez como cosa rara, fueron hechas sin la energía que se espera de Hugo.

Lo interesante es que el general, a esta altura casi plenipotenciario, no utilizó la labia ni retórica que le caracteriza para atacar al monarca, sino que lo hizo en declaraciones cortas, que no alcanzaron para más que unos segundos en los noticiarios locales, a diferencia del impacto mundial que tuvo el ¿Porqué no te callas? del soberano de la península ibérica.

Chávez tuvo un fuerte traspié. El pueblo de un socio económico de Caracas, apoyó a su Rey entregándole aplausos y haciendo hasta canciones de alegría por la manera en que defendió a uno de los suyos.

La figura del Rey en España siempre ha sido querida, pero hace mucho tiempo que no generaba efervescencia. Como nunca lo imaginó, Chávez fue por lana y salió trasquilado.

Llamando la atención de los mandatarios y la prensa, fustigó a Rodríguez Zapatero tratando de demostrar que ningún protocolo o posibles acuerdos, ni los económicos, podían detenerlo frente a su sed de justicia y de defensa de los oprimidos latinoamericanos, que él, como líder de la revolución Bolivariana, defiende hasta la muerte. Quería dar a entender que es un ícono intocable, pero sólo logró que, una persona no acostumbrada a hablar y que había tenido una participación protocolar de muy bajo perfil en la cumbre, se alzara como el hombre que le quitó el brillo a Chávez con sólo una frase.

Probablemente, ni una llamada escondida para hablar con su íntimo amigo Fidel, podrá quitarle por un tiempo las pesadillas monárquicas a Hugo Chávez, que comenzaron una noche de fin de cumbre, aquí, en Chile.